Gabinete Mandala

Psicopedagogía

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La frustración en los niños y cómo aprender a gestionarla

La frustración es una emoción que, como todas las emociones, en su justa medida nos es útil. La frustración nos indica cuando las cosas no son o no han salido como nosotros queríamos, y esto puede ser el punto de partida para mejorar y aprender.




Si no sintiéramos frustración, no buscaríamos un trabajo mejor, no intentaríamos puntuar más alto en una asignatura, o no trataríamos de negociar con nuestra pareja qué película ver el sábado por la tarde. Es decir, que dejaríamos en un segundo plano nuestros intereses y deseos.


¡Pero cuidado! Porque si la frustración nos invade, podemos quedarnos anclados en ella y no avanzar. La frustración puede ser una emoción muy desagradable, a la que acompañan otras emociones que nos resultan incómodas como el enfado, ira, tristeza, inseguridad…


Por ello, es importantísimo aprender a gestionarla, tanto adultos como niños.



¿Qué es la tolerancia a la frustración?


Es la capacidad que tenemos para aceptar y gestionar la emoción que nos causa no conseguir aquello que queremos.


La tolerancia a la frustración nos ayuda a:

  • Aprender de nuestros errores. “¿Por qué no lo he conseguido? ¿En qué me he equivocado?”

  • Esforzarnos para mejorar. “¿Cómo puedo conseguirlo? ¿Qué cosas tengo que cambiar?”

  • Avanzar ante una dificultad. “Esta vez no lo he conseguido, pero quizás si lo intento de otra forma...”

  • Aceptar que no siempre podemos tener todo lo que deseamos. Esto es un hecho, así que está bien aceptarlo, ya que de lo contrario nuestra frustración sería mucho mayor y nuestras emociones más desagradables. Viviríamos en un eterno “Quiero y no puedo”.

  • Ahorrarnos sufrimiento. Cuando no podemos cambiar las cosas (por ejemplo “Me gustaría ser más alto”), gestionando la frustración prevenimos la aparición de emociones más intensas como la ira o la depresión.

  • Mejorar nuestras habilidades sociales. Fomenta nuestra capacidad de negociar, debatir y cooperar para conseguir las cosas.



¿Cómo desarrollar la tolerancia a la frustración en mi hijo/a?


Es normal que tu hijo/a, sobre todo si es pequeño, tenga episodios de frustración intensos. Su cerebro todavía no ha madurado para poder gestionar esta emoción. Por eso es algo habitual y evolutivo que se frustre y se enfade cuando no obtiene lo que quiere, cuando le dices que no o cuando se equivoca haciendo alguna cosa.


Dentro de una educación positiva y basada en el respeto debemos acompañar a los niños a transitar estas emociones con calma, paciencia y cariño. No debemos enfadarnos o culparles por sentirse así, ya que no está en su elección hacerlo. Lo que podemos hacer es ayudarles a gestionar estas emociones.


A continuación te damos algunas pautas para poder fomentar la tolerancia a la frustración en tu hijo/a.

  1. Deja que haga cosas solo/a. De esta manera estarás contribuyendo al desarrollo de su autoconfianza y autonomía. Al inicio de sus vidas, los niños y niñas son muy dependientes de nosotros los adultos, pero lo necesitan para, con el tiempo, ser independientes.

  2. No tengas miedo a decirle “NO” cuando sea necesario. Los límites aportan seguridad, nos dicen qué cosas podemos hacer y qué cosas no. Los niños necesitan saber esto para no salir lastimados y para aprender a convivir con los demás.

  3. Enséñale a desarrollar su paciencia, a recibir las cosas tras un tiempo determinado. La paciencia no es algo que esté en el vocabulario de los niños y niñas pequeños, es lógico, porque ellos viven en el presente y lo necesitan todo ya. Pero es importante que poco a poco vayan aprendiendo que no todo es inmediato y que hay cosas por las que hay que esperar.

  4. Establece rutinas. Son importantes para su organización y bienestar, y también para prevenir rabietas y enfados.

  5. Enséñale a aprender de sus errores. Ayúdale a ver en qué ha fallado y cómo puede mejorar la próxima vez. Siempre desde la comprensión y no desde la culpa.

  6. Ayúdale a entender qué es lo que le pasa. Muchas veces los niños y niñas se frustran porque no comprenden sus emociones, no saben por qué de repente se sienten mal. Ayúdale a poner nombre a esas emociones y a encontrar la causa de ellas.

  7. No le generes falsas expectativas, prometiéndole algo que luego no va a pasar/tener. Muchas veces, les decimos que más tarde tendrán aquello que quieren para que no “monten en cólera” en ese momento, creyendo que al rato se les olvidará. Pero no suele ser así, y eso les genera mayor frustración porque, por un lado, no obtienen lo que desean, y por otro, les hemos engañado.

  8. Ofrécele alternativas a su conducta. Ayúdale a manejar la frustración, haciéndole ver que hay formas diferentes de expresarla.

  9. Refuerza cuando actúe bien. Hazle saber que te fijas cuando gestiona su emoción, cuando se expresa adecuadamente, cuando sabe esperar… Le darás la motivación necesaria para continuar haciéndolo.


En Mandala trabajamos con niños, niñas y adolescentes que tienen dificultades para regular sus emociones, especialmente para gestionar su frustración.


Si sientes que tu hijo/a necesita ayuda para gestionar esta emoción, contacta con nosotras.


Estaremos encantadas de poder ayudarte.

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