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Consecuencias emocionales en la dislexia

Cuando pensamos en la dislexia nos vienen a la mente niños y niñas con dificultades para leer y escribir. Pero hay una parte muy importante, poco visibilizada, de la dislexia. Son las consecuencias emocionales en los niños y niñas con dislexia.




Anteriormente, ya hemos hablado sobre qué es la dislexia y también sobre algunos mitos importantes a tener en cuenta.


Las intervenciones y reeducaciones pedagógicas en niños/as con dislexia suelen trabajar en aspectos como la buena codificación de fonema-grafema, la comprensión lectora, la conciencia léxica y semántica… etcétera.


Sin embargo, hay un aspecto al que se le acostumbra a dar menos importancia, tanto por familias como por profesionales, y son las consecuencias emocionales en estos niños y niñas.



¿Cuáles son las consecuencias emocionales en la dislexia?


Las dificultades a nivel cognitivo y académico que presentan los niños y niñas con dislexia pueden afectar a su desarrollo afectivo y emocional.


Autoestima dañada


La autoestima se va formando mediante las experiencias que vamos viviendo y de cómo nos valoremos a nosotros mismos y nos valoren los demás a partir de estas. Los niños/as con dislexia, a menudo, suelen contar con más experiencias negativas que positivas en el ámbito académico (en el que pasan gran parte del día). Las notas bajas, los suspensos, las críticas y regañinas de su entorno, las burlas de sus compañeros… todo ello crea en el niño/a sentimientos de fracaso y una baja valoración de sus capacidades.



Frustración


Como ya comentamos en la publicación sobre los mitos de la dislexia, se tiende a pensar que los niños/as con dislexia no se esfuerzan y son vagos. Pero la realidad es que suelen esforzarse mucho más que sus compañeros porque son muy conscientes de sus dificultades y quieren superarlas. Pese a los grandes esfuerzos que hacen, muchas veces no obtienen los resultados merecidos, lo que les genera una gran frustración. Esta frustración puede aparecer en forma de estallido emocional hacia fuera (en el caso de los niños/as más pequeños/as, por ejemplo, pegando, gritando, etc.) o hacia dentro (en el caso de los niños/as más mayores y adolescentes). En los dos casos, lo que suele haber debajo de esta frustración es inseguridad y temor excesivo a equivocarse.



Falta de motivación


Muchas veces los niños/as con dislexia verbalizan que no quieren ir al colegio, que no quieren estudiar nada cuando sean más mayores y que para ellos es una tontería sacar buenas notas. ¿Pero realmente piensan eso?

No obtener buenos resultados académicos a pesar de los esfuerzos, las dificultades que presentan día a día (no olvidemos que el actual sistema educativo no favorece a los niños/as con dislexia), la falta de comprensión y apoyo de su entorno… todo ello puede afectar a la motivación del niño/a hacia el estudio, hacia la lectura y hacia otras actividades que impliquen estas habilidades.



Problemas sociales


Las propias dificultades a consecuencia de la dislexia, la falta de confianza y el miedo a equivocarse, pueden hacer que el niño/a no se involucre tanto como sus compañeros/as en las tareas y actividades en grupo.

A menudo también vemos como el niño/a con dislexia es estigmatizado con etiquetas como vago o tonto, y acaba siendo el blanco de la diana de sus compañeros, derivando en bullying o acoso escolar.



Ansiedad


Todos estos problemas emocionales pueden desencadenar en ansiedad, que se puede manifestar de diferentes formas.

  • Problemas de alimentación (aumento o disminución del apetito)

  • Problemas de sueño (insomnio, pesadillas…)

  • Somatizaciones, es decir, dolores corporales a consecuencia de las tensiones o problemas emocionales (dolor de estómago, dolor de cabeza…)

  • Labilidad emocional, es decir, cambios bruscos de humor



¿Qué podemos hacer para prevenir estas consecuencias emocionales?


A continuación os damos algunas pautas tanto para familiares como para profesores y demás profesionales:


  • No culpar ni criticar al niño/a por sus dificultades. Evitar los castigos y las frases como “¿Cómo no sabes hacer eso?”, “Mira que te cuesta…”, “Eso no se te da nada bien”, etc.

  • Reforzar al niño/a por cada pequeño paso conseguido. “Has leído muy bien ese párrafo”, “Este examen te ha salido mucho mejor que el anterior”, “Estás mejorando tu letra”...

  • Reforzar también cuando el niño/a se esfuerce aunque no consiga un buen resultado.

  • Destacar aquello que se le de bien, aunque no esté relacionado con el colegio. “Juegas muy bien a baloncesto”, “Se te da genial dibujar”, “Me encanta cómo cantas”...

  • No centrarse únicamente en sus dificultades, prestar atención también a lo que le guste y se le de bien.

  • Animar al niño/a a realizar otras actividades no académicas en su día a día (extraescolares, deporte…). De esta manera el niño/a podrá ver que puede hacer más cosas y no se centrará únicamente en sus errores.

  • Ofrecerle apoyo y comprensión. Debemos hacerles saber que son capaces, valiosos, que se esfuerzan, que son listos y que son aceptados y amados.


Si crees que tu hijo/a puede necesitar ayuda, contacta con nosotras.


Estaremos encantadas de poder ayudarte.

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